Hace unos días tuve ocasión de compartir almuerzo con algunos empresarios en Madrid, entre ellos se encontraba José Luis Roca, Socio y Director General del Grupo Inmobiliario Roca. En unas cuantas ocasiones que he podido compartir con él tertulia, siempre he notado la pasión por la empresa y una forma desinteresada de preocuparse por la optimización del entorno de las Pymes. En esta última ocasión, sacó uno de los temas que siempre consideré que debería ser mejor entendido por nuestras Pymes, cómo diferenciar el concepto productividad de la propia competitividad.

Estamos acostumbrados a que la productividad es un factor más de nuestra capacidad competitiva, que junto con los costes, bien salariales o de otro tipo, vienen a determinar la oferta que somos capaces de hacer al mercado de nuestros productos y servicios. Deberíamos diferenciar claramente el marco de competitividad, es decir, aquella exigencia que tenemos en los mercados para ser competitivos, de la necesidad de las Pymes en obtener los márgenes adecuados que nos lleven a ser rentables, pues muchas veces pensamos que siendo competitivos vendrán los márgenes, y eso puede ser un error.

Es muy habitual confundir ser competitivos con tener el menor coste, y por tanto poder ofrecer al mercado un producto diferencial en precio que sea mejor aceptado. En estos años de crisis, nos hemos centrado como factor de supervivencia en abaratar nuestros productos y servicios y hacerlo en muchos casos aumentando, de forma falsa, la productividad de nuestras empresas por medio de una devaluación salarial importante. Digo de forma falsa, no porque la fórmula de productividad esté mal expresada, pues evidentemente los costes salariales influyen sobre la productividad, sino por no haber tenido en cuenta otros muchos factores para ser productivos.

Hace poco Javier Vega de Seoane y Presidente del Círculo de Empresarios manifestó en rueda de prensa que, “España no puede tener una estrategia de mejorar su posición competitiva a base de salarios bajos, ya que no es razonable“, pero al tiempo manifestaba, “el crecimiento de la productividad en España es realmente penoso”, pasando a manifestar que “los aumentos salariales deben estar ligados a un aumento de la productividad”. Hasta aquí me parece correcta su reflexión y redunda en mi opinión de que a pesar que el factor salario es uno más para marcar nuestra productividad, el resto de factores que determinan la productividad son ahora mismo los importantes. El problema es cuando en esta misma rueda de prensa, Javier Vega, según lo publicado, manifestó que, “si subimos salarios y perdemos competitividad no creceremos, y si no crecemos, nos encontraremos con desempleo“, con lo que dejó en evidencia que muchos empresarios entienden aún la competitividad amparada bajo el factor coste salarial, dejando así en evidencia nuestras carencias en el sistema productivo y económico.

En el Informe de Conclusiones Preliminares publicado en diciembre de 2016 por el Fondo Monetario Internacional, sobre la visita oficial o misión que realizaron el pasado octubre del 2016 técnicos del FMI a nuestro país, como en cada ocasión que un organismo internacional o bien algún servicio de estudio de organismos o entidades españolas hacen un informe macro sobre nuestra economía, se pusieron de manifiesto las deficiencias en materia de productividad, volviendo a facilitar una lista de recomendaciones, que aún aunando en su repetición parecen no ser atendidas aún por nuestros dirigentes políticos.

El FIM en esta ocasión vuelve a lo que ya son los clásicos de la productividad:

  • Acelerar la aplicación de la ley de Unidad de Mercado
  • Avanzar en la liberalización de los Servicios Profesionales
  • Aumento de la inversión privada en I+D y mayor eficacia del gasto público en I+D
  • Mejora del Acceso a la Financiación no bancaria, sobre todo en Capital

A estos clásicos de las recomendaciones, para mejorar nuestra posición y ser más productivos y por ende, ahora si más competitivos y no en base a salarios, el FMI hace una recomendación muy peculiar que cito literalmente, revisión de las normas aún vigentes que han dado lugar a “la trampa de la empresa pequeña”.

Esta frase en el contexto de un informe del FMI sin más explicación puede ser interpretada por unos y otros a su antojo, y ciertamente me resulta muy peculiar su enunciado sin mayor definición o explicación, ¿hay normas que facilitan que sean las Pymes unas tramposas?, ¿hay normas que permiten que les hagan trampas a las Pymes? Yo tengo claro que para aumentar la productividad de la Pyme, sin rebajas salariales, y poder ser más productivos, es necesario una importante reforma normativa en virtud a que nos ponen trampas continuamente, y por si me leen en el FMI, enumeraré alguna de ellas que nos impiden la productividad y ser competitivos.

  1. Trampa normativa para la innovación en las Pymes. Durante años una compleja legislación fiscal en cuanto a incentivos al I+D privado, que sólo aplicaban las grandes empresas, ha impedido a la Pyme disponer de estos incentivos para innovar. El dilema actual está en eliminar estos incentivos gracias al deterioro en los ingresos del Estado por recaudación de sociedades, la trampa se hizo y no benefició a las Pymes.
  2. Trampa normativa en la Ley de Lucha Contra la Morosidad. Durante años estamos manteniendo una legislación contra la morosidad inocua. Las grandes empresas siguen ejerciendo una posición de dominio ante la Pyme, dilatando así los plazos de pago y realizando estos fuera de los que fija la Ley. La trampa normativa, fue sacar una ley sin régimen sancionador y el legislador hacer la vista gorda sobre un aspecto que merma la competitividad de las Pymes.
  3. Trampa normativa para la contratación pública. Seguimos aún en una estructura económica proteccionista con los lobbys y los oligopolios. La trampa normativa está en no hacer la transposición a la normativa Europea y estar obligados en la contratación pública a introducir los lotes que facilite la entrada de Pymes en estos contratos. Competir en igualdad de condiciones es competir.
  4. Trampa normativa a la financiación alternativa o complementaria a la bancaria. Una regulación excesivamente proteccionista con los inversores en un mercado de riesgo como es el de la capitalización empresarial, no ha beneficiado la aparición de flujos de capital privado a las Pymes. La trampa, una ley sobre la regulación de estos mercados que deja en evidencia el proteccionismo al sector bancario ante la aparición de competidores en el mercado de la financiación a Pymes.
  5. Trampa normativa en materia de recaudación fiscal del IVA. Los fracasos en aspectos como la normativa del IVA de Caja, o la reciente supresión o no, pues no hay una legislación clara sobre los posibles aplazamientos de IVA, unidos en muchos casos a los elevados plazos de pago en España, hacen que las Pymes seamos en muchos casos financiadores de los ingresos de IVA para la Administración. La trampa está en no fijar un régimen sancionador en la ley contra la morosidad que acortaría los plazos de pago, intentando buscar chapuzas legislativas no clarificadoras de la situación y que además confieren mayor capacidad de financiación a los Bancos, por tanto mayor negocio para ellos, pero merma los resultados de las Pymes.
  6. Trampa en materia de fiscalidad y cargas sociales por falta control del fraude. Podía entenderse que la fiscalidad a las Pymes en su conjunto es elevada. Impuesto de Actividades Económicas con un dudoso origen, sociedades con una media sobre el beneficio de las Pymes del 14,9%, y los Seguros Sociales a cuenta de la empresa, ligado a la vinculación en muchos casos de sus socios al desarrollo profesional y por tanto, el consiguiente pago del IRPF de estos miembros ligados a la Pyme puede considerarse bastante. La trampa viene por un régimen en materia sancionadora en materia de incumplimiento fiscal completamente desorbitado. Una Pyme que deja un impuesto o retenciones sin pagar un solo día, sea por las circunstancias que sean, tal vez por un desfase en su tesorería o tal vez por una mala previsión, tiene recargos del 20%, como es el caso en las retenciones de IRPF. En su lugar la normativa contra el fraude fiscal, ha permitido en nuestro país que grandes defraudadores se acojan a amnistías fiscales, pagando mucho menos en sus sanciones que las impuestas a las Pymes.
  7. Trampa normativa en materia laboral. La leve flexibilización del mercado laboral que produjo la última reforma se está viendo amenazada. Las Pymes en el entorno actual de los mercados no podrán sobrevivir si no son flexibles. La adecuación de las plantillas precisa de una mayor flexibilización ya no vale eso de empleados fijos o eventuales. La trampa normativa está en mantener una rigidez extrema en el mercado laboral, aspecto que no favorece la competitividad y desarrollo de las Pymes. El contrato único, con indemnizaciones crecientes y la mochila austriaca podrían ser un primer paso a esa flexibilización.

Estas son algunas de las trampas a las que interpreto se referirá el FMI. Con ellas la productividad de nuestras Pymes está seriamente afectada. Ningún pequeño empresario quiere que sobre el salario de sus trabajadores recaiga su capacidad productiva, sólo si nos vemos forzados a la supervivencia tenemos que tomar esa medida, que al final provocan de forma clara un deterioro en el desarrollo de nuestras pequeñas empresas y por ende de nuestro país, pero para que no ocurra deberán terminar las trampas, José Luis Roca me abrió los ojos de muchas de ellas.